Poco después de salir de
su casa en Gaza, Abu Jihad recibió nueve balazos en la pierna. ¿Su error?
Romper el arresto domiciliario impuesto por Hamás a 300 miembros del Fatah, su rival
histórico, dice Jihad desde su cama en un hospital de Ramala.
«Nunca habría
pensado que Hamás o cualquier movimiento palestino me atacaría», asegura
este gazatí de 27 años, quien acepta contar su calvario bajo un seudónimo y sin
desvelar el nombre del hospital donde se encuentra.
Jihad pudo ser trasladado
para curarse desde la Franja de Gaza, controlada por Hamás, hacia Cisjordania,
donde tiene su sede la Autoridad Palestina del presidente Mahmud Abas, jefe del
Fatah.
En Gaza, donde el
movimiento islamista Hamás tomó el poder en 2007 tras enfrentarse al Fatah, los
miembros de este último partido -desde el simple militante a los responsables
de mayor rango- también hablan bajo condición de anonimato por miedo a las
represalias.
Hamás impuso arresto domiciliario
a 300 miembros del Fatah y decenas de ellos recibieron balazos con el objetivo
de inmovilizarlos y así respetar esta orden, señalan.
«El Fatah no se
atreve a enfrentarse a Hamás»
Ibrahim, un responsable
del Fatah, quiere contar su historia, ya que nadie, ni la dirección del partido
en Cisjordania, apoya a sus miembros en Gaza. «En el mejor de los casos,
nos envían un mensaje de pronta recuperación, pero no se atreven a enfrentarse
a Hamás», asegura.
«Para evitar que
Hamás les ataque, muchos miembros del partido se unieron a la Yihad
Islámica», las segunda fuerza en Gaza, apunta Abu Iyad, otro militante del
Fatah.
El segundo día de guerra
con Israel en la Franja de Gaza, «cuatro hombres vestidos de negro,
armados y enmascarados» llegaron a casa de Ibrahim y le entregaron un
papel con el sello oficial de las Brigadas Ezedin al Qasam, brazo armado de
Hamás.
«Por su propia
seguridad, le pedimos que no abandone su casa durante todo el período de
guerra», reza el papel. «Nuestro único error, pertenecer al
Fatah», asegura Ibrahim ante la ausencia de acusaciones en el texto.
Abu Ahmed, de 23 años,
está convencido también de haber recibido 19 disparos en las piernas por
pertenecer al Fatah. «Me pusieron cara a la pared, dispararon y gritaron:
‘Este es nuestro regalo para el Fatah'», explica a la AFP desde un
hospital de Cisjordania.
«Si Hamás duda de
nosotros, ¿por qué no nos ejecuta como hizo recientemente con 18 personas
acusadas de colaboración? ¿Por qué no juzgarnos y lanzar una
investigación?», se pregunta Abu Jihad.
«En nuestra
sociedad, donde sobre todo cuenta la reputación, familias enteras viven ahora
con miedo», afirma un alto responsable del Fatah en Gaza. «Hamás
cuestiona la dignidad y el patriotismo de nuestros militantes, algunos de los
cuales lucharon y perdieron familiares en combate».
A preguntas de la AFP,
Hamás aseguró que estos arrestos domiciliarios no tenían «ningún motivo
político» y que se trataban de «procedimientos judiciales contra
personas, algunas de las cuales son también miembros del Fatah».